miércoles, 10 de agosto de 2016

Sara y Rodolfo

Hace 19 años algo llegó a mi vida alguien que la cambio para siempre, una nublada tarde de agosto de 1997 mi mamá me daba la noticia de que ya se había juntado el dinero para comprar algo que deseaba desde mi infancia. -¡Y ahora!- Exclame- ¿Cómo la traeré a casa? Sólo recuerdo que de la emoción llamé a un amigo que supuse estaría desocupado, el guey llego en 10 minutos a mi casa. Ahora, la pregunta rondaba en ¿cómo carajos la voy a traer a mi casa? El “pana” dijo - ¡Pues, en taxi! ¿Qué otra opción tenemos? Salimos corriendo y al abrir la puerta vemos al gordo cerrando la puerta del carro de su papá. – Que onda guey, mi papá me presto el carro y venía por ti para dar el rol- dijo cuando nos vio salir por la puerta. Nos subimos al carro y dijimos ¡No hay tiempo para explicaciones, sólo maneja guey! Fue bautizada como SARA ese día al llegar a casa, solo recuerdo su olor a madera, lo complicado que fue armarla y lo horrible que sonaba. Pero no importaba, ella habia llegado a mi vida. Sabía que lo cambiaria todo y así fue. Unos meses antes de que ella llegará a mi vida, había entrado a la escuela de música nunca me sentí tan feliz en mi vida, por fin hablaban de temas que entendía en una escuela, llegaba a casa presumiendo a mi madre que había sacado 10 en mi examen de introducción a la música, en mis clases de instrumento era cómo un pez en el agua, en ese momento descubrí que mi oído estaba listo para educarse, que si bien con el paso de los años había logrado descubrir como tocar sin lastimarme, aprendí de matiz y el hermosos ring shot que nunca deje de usar. Cada fin de bimestre se hacia un recital en la escuela donde tocaban todos los niveles desde avanzados a principiantes, el tocar con los principiantes era de hueva, y tuve la fortuna de que un maestro me juntara con grupo de avanzados, mis primeros retos Josie de Stelly Dan. A partir de ahí comencé a tocar con músicos muy cabrónes, aprovechaba mis clases y practicaba sin parar, mejoraba constantemente y mi querido maestro Rodolfo Sánchez dijo algo que se me quedo guardado en la memoria… Pausa: Rodolfo Sánchez era un maestro de guitarra en la escuela, un guey de unos 35 años de pelo largo y súper cagado, tenia una guitarra que se llamaba iguana Machín Con una lagartija de juguete cagadisma pegada debajo de las cuerdas, un músico que dentro de su CV tenia a muchos artistas pop de la época y que daba clases por puro gusto, según decía, su vida ya estaba resuelta. ¡Qué envidia! Play - ¿Cuánto llevas tocando?- Pregunto Rodolfo. –Cómo dos meses ya con instrumento- Respondí. -No lo digo muy seguido, pero traes estrella- Exclamo Rodolfo – Tienes todo para ser grande, sólo te quiero dejar una advertencia, hay dos cosas con las que debes tener mucho cuidado. 1: Que te gane el desmadre. Esta carrera está llena de tentaciones. 2: Las mujeres y la música no se llevan. Ambas son muy celosas y en algún momento demandaran más tiempo una que la otra. Después de esas palabras dedique mucho tiempo a practicar, mi madre me dijo que había mejorado mucho. Bueno, las palabras precisas de mi madre fueron –Ya no le pegas a lo pendejo como al principio- ¡Qué mejor aliciente que esas palabras de mi madre! En toda historia de amor debe haber un suceso trágico o varios, según se cuente la historia. Perdí a Sara hace pocos años al dejarla olvidada en un lugar al cual no supe como regresar y debo confesar que no la extraño por lo que ella era, sino por lo que yo era cuando estaba con ella. Es raro recordar la forma en la que ella llego a mi vida, al igual que la música y la forma de hacerla, cómo muchas cosas en mi vida han llegado por casualidad, al igual que muchas que cosas que se han ido alejando a consecuencia de la misma casualidad.